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Una tarde en el rocódromo
Sara siempre decía que escalar era como resolver un problema con el cuerpo. Emma, su hermana pequeña, aún no lo
tenía tan claro, pero le brillaban los ojos cada vez que entraban al rocódromo.
—Lo primero es lo primero —dijo Sara, con tono de experta.
Se acercaron al cubo blanco lleno de carbonato de magnesio. Sara metió las manos con decisión y las sacó cubiertas de
polvo, como si hubiera tocado una nube. Emma la imitó, aunque al principio solo rozó la superficie.
—Más —insistió Sara—. Así no resbalas.
Emma hundió las manos y luego las frotó entre sí. Una pequeña nube blanca flotó en el aire y ambas rieron.
—Parecemos fantasmas —dijo Emma.
Después se acercaron al panel de vías. Había colores por todas partes: verde, azul, rojo, amarillo… Cada color marcaba
un camino distinto por la pared.
—¿Cuál escogemos hoy? —preguntó Emma, mirando hacia arriba, como si la pared fuera infinita.
Sara cruzó los brazos, pensativa.
—El azul es fácil… pero el rojo es más divertido.
Emma siguió con la mirada las presas rojas, que serpenteaban hacia lo alto.
—Quiero intentar el rojo —dijo, con una mezcla de miedo y emoción.
Sara sonrió.
—Sabía que dirías eso.
Sara empezó primero. Sus movimientos eran seguros, casi elegantes. Subía como si ya conociera cada piedra. Desde
arriba, miró hacia abajo.
—¡Vamos, Emma! Tú puedes.
Emma tragó saliva y puso el pie en la primera presa. Luego otra. Y otra. Sus manos, cubiertas de magnesio, se
aferraban con fuerza. A mitad de camino, dudó.
—No puedo —murmuró.
—Claro que puedes —respondió Sara—. Mira la siguiente roja, justo a tu derecha.
Emma respiró hondo. Sintió el latido de su corazón en las manos. Estiró el brazo… y alcanzó la presa.
—¡Eso es! —gritó Sara.
Poco a poco, siguió subiendo. Cada movimiento era una pequeña victoria. Cuando por fin llegó arriba, junto a su
hermana, no pudo evitar reír.
—¡Lo hice!
Sara chocó su mano llena de polvo con la de Emma.
—Te lo dije. Escalar es resolver problemas.
Emma miró hacia abajo, luego hacia las presas rojas.
—Entonces… otro día quiero resolver mas problemas..
—La próxima vez, subimos juntas.
De acuerdo, respondió Emma.
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